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Soledad, compromisos y la despedida

Autor: MartínNotas del díaOctubre 15th, 2007

Foro-Taller Shakespeare

Lunes 15 de octubre, 2007
QUINTA SEMANA (15 al 21 de octubre, 2007)

Julieta y la Nodriza
Los amantes se quedan solos, no lo sé de cierto, pero lo intuyo y Julieta no fue la excepción. Este Cuarto Acto (ver original de Nuestros Clásicos, página 197) con sus cinco escenas está dedicado a Julieta, pues aparece en cada una de ellas desesperada: su padre había decidido, como lo vimos en (3.5.), que debe casarse con el conde Paris esa misma semana y ella no puede hacer nada…

SEÑOR CAPULETO.— Ahora precisamente esta necia llorona, esta muñeca quejumbrosa, a la que le sonríe la fortuna, me dice: «No me voy a casar. No puedo amarle. Soy muy joven. Perdóneme, se lo ruego». ¿Sí? ¡Si tú no te casas, ya verás si te voy a perdonar! Vete a pacer a donde quieras pero no en mi casa. ¡Piénsalo bien! ¡Considéralo! No acostumbro bromear.

¿Qué fue lo que no le permitió a Julieta evitar esta boda?
¿Fue por su impulsividad y juventud que no pudo actuar diplomáticamente?
¿Fue la relación brutal como la que había en el medioevo entre padres e hijos, la que impidieron el diálogo?

Cuando la Nodriza cree y sugiere que sería mejor que se casara con Paris, Julieta se siente totalmente abandonada, sola y su alma. Por eso sale corriendo al monasterio con fray Lorenzo (4.1.) donde, para acabarla de amolar, se encuentra con su pretendiente, el conde Paris que está arreglando los detalles de la boda por la iglesia. Julieta se controla y se muestra lo más educada que puede, antes de quedar a solas con el fraile para poder expresarle lo que siente frente a esa imposición de sus padres:

JULIETA.— Dame un consejo o, de otro modo, entre mi pena y yo esta daga sangrienta será el árbitro… ¡No tardes en hablar que anhelo morirme si no encuentras una solución!… Antes de casarme con Paris, ordéname saltar de las almenas de una torre; arriesgarme en caminos de ladrones; ocultarme en un nido de serpientes; que me encadenen al oso enfurecido; que de noche me encierre en un osario; que me cubra con la osamenta rota de los muertos, con tibias hediondas y negruzcas, entre los cráneos amarillentos…

Fray Lorenzo al escuchar esto relacionado con la muerte y el cementerio, lo asocia con una idea vaga, con la posibilidad de ofrecerle una pócima cataléptica y hace un plan (igual de irreflexivo como el de los jóvenes amantes): el fraile evade la realidad y trata de salir ahora corriendo por una brecha peligrosa en mucho sentidos, pues sabe que corre al filo de un precipicio:


FRAY LORENZO.— Mañana por la noche quédate sola; despacha a tu nodriza fuera de tu habitación. Bebe esta ampolleta cuando estés en tu cama y bébela hasta no verte Jesús mío, pronto habrá de correr por tus venas un humor frío, soporífero. Tu pulso cesará; no seguirá su ritmo, sino que cesará….

Le explica el resto: la creerán muerta, él se encargaría del entierro para que la dejen en la cripta. Mientras él le enviará a Romeo un mensaje para que regrese de Mantua, la recoja en la cripta y se vayan juntos para siempre jamás a ese pueblo lejos del poder del príncipe de Verona. Nunca consideró fray Lorenzo en su plan que podría existir el azar, la fatalidad, el destiempo, el accidente… Julieta cree que el amor le dará fuerza, «la fuerza necesaria» para aventurarse en este simulacro de muerte…

En una escena muy corta, vemos a los padres cómo están organizando la boda de su hija única con un buen partido veronés, el conde Paris (4.2.). Julieta llega del monasterio y cristianamente les pide perdón. Les dice a su padres estar arrepentida. La boda sería al día siguiente y todo parecía estar listo.

«No sabemos, pero lo intuimos»: Julieta se despide de su Nodriza (4.3.) y le pide que la deje sola: tiene mucho de que arrepentirse y rezar. Le dice estar llena de pecados y cuando sale ella hace un monólogo que en lugar de ser de esperanza (como cuando esperaba a su Romeo) ahora es de despedida:


JULIETA.— Dios sabe cuándo volveremos a vernos. Un frío temor me corre ahora por las venas y casi congela el calor de la vida… Mi escena fúnebre debo representarla a solas… ¿Y si fuera un veneno que le fraile sutil ha preparado para darme muerte… Y si quedo asfixiada dentro de la bóveda —el aire limpio no puede traspasar su sucia boca—… el aire faltará y moriré antes de que llegue Romeo. Y si vivo, ¿no sucederá que al despertar, el mismo pensamiento de la muerte y la noche, además del horror del lugar mismo —cripta y arcano mausoleo donde reposan enterrados, por siglos, a centenares de huesos de todos mis antepasados… ¡Ya voy, Romeo, ya voy! ¡Bebo por ti!

Por la mañana (ahora Julieta ya no escucha la alondra ni escuchó por la noche al ruiseñor). Hay una gran actividad. Es el día de la boda. Lady Capuleto manda a la Nodriza para que despierte a su hija (4.4.) Se escucha algo de música. La Nodriza entra bromeando a la recámara de su niña Julieta que, tal parece, sigue profundamente dormida. Como siempre, hace bromas de doble sentido, y le dice en voz alta, «…verás cómo el conde esta noche te llevará a la cama y seguro te va a sacar o a meter un buen susto, según se vea… » Pero Julieta no se despierta: «¿Cómo? ¿Vestida? ¿Arreglada y vuelta a acostar? ¡Señora! ¡Niña! ¡Señora! ¡Dios míos! ¡Dios! ¡Está muerta! (4.5.) Y el padre, que sabe que ha perdido a su hija se lamenta: la escarcha prematura ha caído sobre ella como la muerte, la flor más hermosa de este valle.

En eso había llegado fray Lorenzo y sin decir nada, empieza a arreglar la ceremonia (muerte en lugar de vida), «todo para la muerte!», dice el padre de Julieta. Están desconsolados. Era su hija única: «¡Maldito día de desventura, odioso, fatal día!», dice triste y desesperada su madre. Que todos se preparen para ir a la cripta. «Acepten el designio», dice el fraile antes de entrar en una escena por demás de humor negro, como era el ambiente entre los músicos que llegan dispuesto al reventón y Pedro uno de los sirvientes que ya habíamos visto antes, analfabeta entregando invitaciones para aquella fiesta donde se conocieron y que parece que fue hacía medio siglo… ahora les dicen que toquen música de muertos y sin olvidar que se trataba de una boda, hablan de varas del ingenio y de envainar el cuchillo como los hombres… Bueno, un momento para contrastar la pesadilla en la que se habían inmerso Paris y la familia Capuleto: «entremos aquí a esperar a los que lloran y luego ¡a comer!», dice el segundo de los músico.

Bueno, esto es lo sucede en este Cuarto Acto. Léanlo en detalle y observen la transformación de Julieta, su soledad y su valor para jugar con la muerte y si quieren, lo comentamos el próximo JUEVES 18 DE OCTUBRE A PARTIR DE LAS 17:30 EN EL FORO VIRTUAL.
Mientras les mando,

un saludo,
Martín Casillas de Alba

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4 Comentarios

  1. Cordy

    Reconozco que la obra de Shakespeare tiene fragmentos de una gran belleza; hay frases que transmiten mucha sensibilidad al lector. Sin embargo, su contenido no me convence.

    La historia de amor me parece muy precipitada. He leído que esta premura es para darle mayor tragedia a la obra, pero en mí causa un efecto contrario. Romeo y Julieta no se conocían, apenas habían cruzado algunas palabras, ¿realmente se amaban? Romeo suspiraba por otra chica minutos antes de ver a Julieta por primera vez ¿es posible pensar que los sentimientos de Romeo por Julieta son sinceros?

    Además, en la obra se entiende que los Montesco y los Capuleto se conocían, ¿Romeo y Julieta no sabían, desde tiempo atrás, que pertenecían a familias rivales? En cualquier caso, se habla de estos dos personajes como jóvenes respetuosos del orgullo familiar, pero por su “enamoramiento” los intereses de sus padres pasan a segundo plano, entonces ¿por qué no enfrentar a sus familias? ¿por qué todo lo realizan de forma clandestina? Creo que de haber una confrontación real entre los enamorados y sus padres, podríamos hablar de un claro obstáculo entre los “enamorados” e, incluso, el impacto del final sería mayor.

    La forma de actuar de los chicos muestra una gran inmadurez, sobretodo cuando las cosas están empeorando con las muertes y el destierro. No creo que podamos hablar que a partir de esto sucesos cambiaron, yo lo que veo es una reacción temerosa en ambos. La forma en que permiten que los consejos del fraile gobiernen sus acciones no me demuestra madurez.

    Creo que el desenlace es la parte más emocionante de la obra. Sabemos que Romeo tomará una decisión apresurada, una vez más, y que eso traerá la tragedia final para los enamorados, de hecho pienso que ese es el clímax de la historia.

    Después de analizar la historia, con mis pocos conocimientos de literatura, me parece que esta obra no es sobre “el amor a primera vista” y las dificultades para concretarlo, sino más bien es sobre la inconsistencia de las personas y la irracionalidad con la que actúan. Porque creo que el trágico final de Romeo y Julieta fue resultado de sus acciones precoces, aún cuando las actitudes de sus familias influyeron, los dos protagonistas fueron los que construyeron su destino, no se puede culpar a nadie más, mucho menos al azar.

  2. Martín

    La muy excelente y lamentable tragedia

    Estimado Cordy:
    Gracias por sus comentarios que implican varios asuntos sobre los que me gustaría darle una respuesta:
    1) Parece que su contenido no lo convence, bueno, finalmente cuando uno va al teatro hay que aceptar una serie de convenciones como por ejemplo, que estamos en Verona y no en el teatro; y, entre otras cosas, habría que transportarse al medioevo donde hay «dos familias de idéntico linaje… y un odio antiguo que sólo engendra nuevos odios…»
    Siempre que veo o vuelvo a leer esta tragedia pienso en los odios que se daban en las rancherías como las que había en Tepatitlán (donde mi padre tenía un rancho y, en este caso he comparado como mi Verona) en donde me tocó observar cómo, generación tras generación, se mataban unos a otros y cómo viviendo tan cerca, estaban tan alejados (las niñas encerradas sin salir). Haciendo esta analogía entiendo y me dejo llevar por la corriente de la poesía que Shakespeare le ha inyectado a esta obra.
    2) El amor y la acción es precipitada, e irracional: jamás se detienen un instante para reconocer la realidad que los rodea, simplemente lo transforman en poemas: «¿qué es un nombre? se pregunta Julieta, nada, «sólo tu nombre es mi enemigo, tú eres tú mismo, seas Montesco o no. ¿Qué es un Montesco? La mano, no, ni el pie, ni el brazo…»
    Esa acción en el teatro nos lleva al precipicio en cinco actos —así como la adrenalina que nos produce, como lo produce un vértigo— , irremediablemente, como si lo supiéramos desde el principio: «dos amantes que nacieron bajo la estrella-rival. Su lamentable fin, su desventura, entierra con su muerte el rencor de los padres», nos dice el Prólogo al inicio de la obra.
    Sí, el amor es irracional y precipitado en este caso y es su culpa, como bien dice usted, y eso es lo que los lleva a ese final, pero… y ahí está el pero, las disyuntivas, lo que pudo haber sido y no fue… si ella hubiera hablado… si, él le hubiese dicho a Tybalt en corto… en fin, todos las posibilidades para desviar al maldito destino.
    3) Todo lo resuelven en forma clandestina. Lo prohibido, lo más delicioso, como son las grandes tentaciones. Es el medioevo y si recuerda, la madre de Julieta no estaba muy segura de la edad que tenía su hija, es la Nodriza quien lo sabe a la perfección y el padre Capuleto casi la mata cuando la joven se niega a casarse. Las relaciones eran distantes y diferentes, tal vez como son todavía en los Altos de Jalisco, sí, justamente en esas rancherías que mencionaba.
    4) Por supuesto que son un par de adolescentes (ella tiene 14 años) y son inconcientes e inmaduros. Por eso hacen lo que hacen hasta el último momento en donde el azar, el hecho que Baltazar llegara con la noticia antes de la carta de fray Lorenzo, entra en juego en la tragedia y de ahí, al callejón sin salida donde también irracionalmente, prefiere la muerte que todo lo demás que no pudo imaginarse Romeo y la obra nos provoca una serie de preguntas: por qué sí o por qué no y ese es el verdadero juego de una obra que perdura, ¿no cree usted?
    Mil gracias por su comentario, espero haberle provocado más dudas, por lo menos.
    Martín Casillas de Alba
    Coordinador del Foro-Taller Shakespeare.

  3. Cordy

    Saludos.
    Agradezco su respuesta.

    Entiendo que estamos en Verona en el medioevo, pero aún así hay situaciones y actitudes de los personajes que no me parecen posibles. Me es difícil creer que Romeo y Julieta, quienes tienen muy claro el respeto/obediencia que deben a sus padres, decidan casarse a escondidas y, peor aún, con una persona que saben de antemano que es enemiga de la familia. Es cierto que la rivalidad ante los ojos de los enamorados deja de tener la gravedad que tiene para los demás, pero no creo que fuera más fácil hacer las cosas (casarse de manera clandestina, aun siendo esto más tentador) que confrontar a los padres.

    Coincido con usted cuando habla de las disyuntivas, lo que pudo haber sido y no fue. Me parece que en toda obra siempre pensaremos en eso, pero no para imaginar qué otra acción sería más creíble.

    Con respecto a la juventud de los personajes, considerando que en esa época (incluso lo señala Shakespeare) muchos jóvenes ya estaban casados con hijos y con mayores responsabilidades, no creo que pueda ser una justificación para sus reacciones tan inmaduras y es ahí donde, creo yo, está la tragedia del final de los enamorados. Es por eso que, aunque acepto que el azar influye, el desenlace lo determinan Romeo y Julieta.

  4. Martín

    Deciden casarse a escondidas.
    En realidad lo que querían estos dos jóvenes, antes que otra cosa es hacer el amor. Antes de saber quiene son, se besan y se gustan como no les había pasado antes.
    Para hacerlo, según la leyes vigentes, tendrían que casarse o jurarse amor, como eran los contratos o los precontratos matrimoniales del medioevo, es decir, cuando una pareja se «comprometía», podían hacerlo sin testigo alguno, simplemente aceptando entre ellos dos que serían marido y mujer y eso era equivalente a firmar un precontrato. Luego vendría la ceremonia religiosa.
    De otra manera, si «fornicaban» antes que se realizara el matrimonio, podían ser acusados y condenados. Hubo tantos casos de promesas fallidas que se estableció una corte a la que le llamaban «la corte de los alcahuetes».
    El problema lo trata a fondo en la obra «Medida por medida», (1604), donde Claudio que había hecho un juramento, se había acostado con su novia (que por cierto también se llama Julieta) a quien había embarazado y por eso estaba condenado a muerte.
    La opción de una promesa a futuro era condicional y podía terminarse por mutuo acuerdo, pero, en caso de que la pareja hubiese tenido relaciones sexuales, tendría que cumplirse.
    Algo parecido le sucedió al miso Shakespeare, cuando a los 18 años se revolcó con Anne Hathaway y la embarazó. Por eso “tuvo” que casarse en noviembre de 1582. Su hija Susana nació en mayo 1583.
    Claudio fue condenado a muerte como si fuera un caso de fornicación fuera del matrimonio pues ella estaba embarazada.
    Este era un tema vigente en la época isabelina.
    Con estas medidas judiciales se trataba de controlar la vida sexual de la sociedad a través de una ley y de las reglas que la acompañaban y, por otro lado, expresaba la lucha que había entre los puritanos —fundamentalistas— que consideraban que todo acto sexual fuera del matrimonio era algo «condenable, pestilente y execrable», en contra de los más liberales, como eran los nobles que creían podían hacer lo que se les atojara, como fue el caso del amigo de Shakespeare, William Herbert, tercer conde de Pembroke, quien recién llegado a la corte de la reina Isabel I, sedujo e hizo el amor (fornicó) con Mary Fitton, una de las damas de compañía de la reina Isabel I que, entre una y otra cosa, sabía que cediendo su cuerpo, podría subir algunos peldaños en la escalera de la nobleza. Al quedar embarazada, W.H. se negó a casarse con ella, por lo que, a la reina, no le quedó más remedio que castigarlo con el exilio, justo antes de llegara Jacobo I en 1603, fecha en la que su amigo y luego favorito del rey pudo regresar a la corte.
    Por supuesto que en 1650, cuando triunfan los Puritanos, la ley se hace mucho más rígida y declaran el adulterio como algo condenable a muerte. Nada más.
    Tal vez, en este sentido, aunque la obra fue escrita medio siglo antes, anunciaba la fuerza de los puritanos que, en cuanto tomaron el poder, destruyeron por completo los teatros arrasándolos en toda Inglaterra.

    El desenlace lo deciden Julieta y su Romeo.
    Sí, son ellos los que deciden terminar con su vida antes que enfrentar a sus padres y a la sociedad. Así es tal cual y no es el caso de las tragedias griegas donde todo estaba predestinado por los dioses y nada podían hacer los humanos.

    Tal vez por eso, quedan los dos como un símbolo del amor juvenil, irracional, apasionado, inconsciente e irracional, y se han convertido en los dos enamorados por excelencia. Por lo menos pasaron su noche de bodas y supieron de qué se trataba. Y los padres, les mandan hacer una estatua, como la que hizo Shakespeare con sus poemas dramáticos en esta obra.

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