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Acto 1. Escena 3.

Septiembre 3, 2007 Página elaborada por: rodrigo

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La madre de Julieta manda buscar a su hija para hablar con ella. Finalmente es la Nodriza quien la encuentra y, aunque al principio había dudas, se queda a pedido de su señora para escuchar esa conversación. Primero, a la pregunta de la edad de su niña, la Nodriza cuenta por qué se acuerda perfecto de la edad que tiene Julieta y nos narra, con gracia, algunas escenas de su infancia, como aquella, cuando todavía vivía su marido «¡que Dios lo tenga en su gloria!», y Julieta se cayó de bruces, a lo que su marido, de broma, se le ocurrió decirle que «¡un día de estos te caerás boca arriba, cuando tengas juicio…!» y Julieta, dice la Nodriza, contestó que «sí», la muy condenada:
 


NANA.— ¿Qué cuántos años tiene esta niña?… Día de más o día de menos, entre los días del año, en la víspera de esta fiesta cumplió Julieta los catorce años. Ella y mi Susana (¡qué dios la tenga en su gloria!) tendrían la misma edad. (¡quede Susana con Dios!) Demasiada bendición era para mí… como iba diciendo… en la víspera de la fiesta cumplió los catorce… Apuesto catorce dientes… ¡Ay, si ya sólo me quedan cuatro!… A que tiene catorce …
Vaya que sí. No se me olvida, no. Lo recuerdo muy bien. Hace once años del terremoto, justo el día que fue destetada… Me acordaré toda la vida. Mismamente ese día, entre todos los del año yo acababa de ponerme acíbar amargo en los pezones, allí, sentada bajo el sol, bajo el palomar… los señores creo que se había ido a Mantua…
¡Tengo yo una memoria!…
¿Cómo iba diciendo?
¡Ah, sí!… cuando probó la niña el amargo en el pezón, y encontró ahora mi pecho espantoso, había que ver a la muy tonta, ¡qué furiosa se puso con mi teta!
¡Crac!, hizo el palomar al mismo tiempo.
No fue preciso otra señal para que saliera corriendo… Once años hace ya de aquello… ¡Por la cruz de Cristo!
Sí, ya se tenía sola de pie y podía correr y saltar, ya lo creo, lo hacía por allí. Sí, incluso el día antes, casi se rompe la crisma y fue mi esposo —¡Dios lo tenga en su gloria!, ¡bien alegre que era el condenado!—, quien la recogió.
«¡Vaya! —le dice— ¿así que te caes de boca? Ya caerás un día de espaldas… verás, que pasará cuando tengas juicio, ¿verdad que sí, Juli?…»
(Pausa. Se agacha como apenada de la confidencia que nos está haciendo.)
Y, por la Virgen, que la pobrecilla salió corriendo y luego se quedó parada y pensativa y se volteó para decirle:
—¡Sí!, —con una vocecita…
¡Faltaría ahora que la broma resultara cierta! ¡Mil años que viviera, lo juro, y no la olvidaría. «¿Verdad que sí, Juli?», —le dijo él y la pobrecilla se calla, y dice luego con esa voz de niña traviesa: «¡sí!». Y ahora dice su madre que el joven Paris la pretende, ¡un hombre, mi niña! ¡Un hombre a quien todas…!
…Eso es… una flor, una flor ciertamente…
CRIADO.— Milady… (dirigiéndose a Julieta y haciéndose a un lado de la Nodriza, como si le tuviera miedo…) los invitados ya han llegado, la cena está servida, usted es muy solicitada, el ama está siendo insultada en la cocina, y, en fin, todo en orden, salvo yo mismo, que corriendo sirvo la cena… y si, por favor, me acompañan corriendo…

Sale de prisa y la Nodriza lo sigue corriendo. Julieta se da la vuelta. Se oye música de baile y el salón se ilumina, mientras entran unos bailarines bailando una Lavolta, un baile donde toman de la cintura a las niñas y las levantan. Julieta de pone a bailar con uno de los invitados… aparece Romeo en el salón detrás de una columna… Poco a poco se va acercando a Julieta, la rodea en el baile y se intercala para bailar con ella cuando le toque. Cambia la luz y la música se hace un poco menos festiva. Los bailarines, los dejan en primer plano y ellos como coro escenográfico.

Entre uno y otro recuerdo, juegos de palabras y albures, por fin la madre de Julieta le explica a su hija que han decidido que conozca en la fiesta a su pretendiente, el conde Paris. Si a Julieta le gusta, podría casarse. Es un buen partido. Ella, inocente, pero coqueta, acepta fría e ingeniosamente, con una evasiva respuesta que implica su buena educación y su deber como hija.